miércoles, 8 de enero de 2014

Rolerosofía


Hace mucho, mucho tiempo, una sucesión de señores griegos con nombres raros como Tales de Mileto, Pitágoras o Sócrates y con mucho tiempo libre comienzan a divagar y a pensar que oye, a lo mejor las cosas no ocurren sin más por capricho de los dioses. Que incluso podría existir cierto orden natural, ciertas leyes que rigen el mundo que percibimos. Que si todo está hecho de agua, que si nosequé de unas sombras en una caverna...
Por supuesto, para la mayoría de sus contemporáneos esto no era sino una soberana pérdida de tiempo. ¿De qué van a servirme a mí todas esas teorías? – debían pensar – ¿Cómo va a beneficiarme a mí en mi día a día el hecho de saber de qué se compone el mundo y qué reglas sigue? No van a evitar que me moje cuando llueve, ni que sane cuando caiga enfermo. Y claro, viéndolo desde su perspectiva, razón no les faltaba.
En fin, hoy sabemos que esos filósofos no decían más que chorradas, pero chico, a lo tonto y a su manera sentaron las bases de cosas tan poco tontas como la ciencia moderna.

Hagamos ahora un salto temporal hasta los años 90 - 2000 y pico. En pleno auge en internet de los foros y las listas de correos, una sucesión de personas aficionadas a los juegos de rol (que es lo que nos compete en este blog) con nombres raros como Dark_Arthas1991, XxSephirotxX o TuhPrinsecitah [1] comienzan a divagar y a pensar que oye, quizá hay alguna manera de analizar no ya el manual del juego, sino el fenómeno del juego en sí mismo. Incluso afirman que identificar los mecanismos que subyacen tras el juego nos ayudaría a crearlos y a disfrutar más de ellos. 
El caso es que esta gente comienza a discutir cosas como tipologías de jugadores, estilos de juego, prioridades y autoridad narrativas, y con cierta obsesión por acabar con las "vacas sagradas" del rol. Cosas todas ellas muy sesudas y abstractas, relativas a qué ocurre en la mente de la mesa de juego y qué podemos hacer al respecto. 
Por supuesto, para la mayoría de sus contemporáneos esto es sino una soberana pérdida de tiempo. ¿En qué va a beneficiarme todo esto? – dicen muchos – No va a ayudarme a interpretar mejor, ni va a darme fórmulas para crear buenos juegos. A rolear se aprende roleando – afirman – y a crear juegos se aprende escribiéndolos, no divagando.
Y claro, viéndolo desde esa perspectiva, razón no les falta. Claro que luego aparecerá un Henry Ford y te darás cuenta de que, en realidad, lo que necesitabas no era un caballo más rápido.

[1] Viéndolo en retrospectiva, quizá no son los mejores ejemplos que podría haber puesto.