jueves, 5 de febrero de 2015

Sobre la futilidad de las trincheras

Al principio del todo, estaba D&D. Luego la gente fue inventándose más juegos básicamente aplicando ingeniería inversa y por pura intuición. Un día un grupo de roleros barbudos con mucho tiempo libre pensó que hey, parece que en esto de diseñar juegos de rol hay más intríngulis de lo que se ve a simple vista; a lo mejor merece la pena detenerse a estudiar con más detalle los procesos tras el juego y sus mecánicas. Habían inventado, a (muy) grandes rasgos y teniendo en cuenta que esto no es una ciencia exacta ni de lejos, la rolerosofía.

Por orden de  menos a más importancia están:
Platón, Descartes, Kant y Ron Edwards.
Una de las teorías rolerosóficas más extendidas a día de hoy, a pesar de que su autor la ha dado por superada hace años, es la GNS (gamist - narrativist - simulationist). No voy a explicárosla aquí porque ya se ha escrito bastante sobre ella y no es el objetivo de este artículo; baste decir que en principio su utilidad era categorizar a los jugadores (que no juegos) por su forma de jugar. Si os interesa aquí tenéis más información

Desconozco si esto también se da en otros países, pero el caso es que aquí en España el eco lejano y deformado de esa teoría y su jerga llegó y comenzó a permear entre los mentideros roleros como una forma de dividir a los juegos (que no jugadores) en dos bandos que, como no podía ser de otra manera en nuestro país, por lo visto son antagónicos e irreconciliables: los juegos simulacionistas y los juegos narrativos. Y con lo que nos gusta a los españolitos atrincherarnos en un bando y lanzar piedras al de enfrente, esto es jauja. 

"¿Dados con simbolitos en lugar de números? ¿¿Aspectos??
¡Barrio equivocado, madafaka!"
¿Y qué significa que un juego sea simulacionista o narrativo? En realidad nada. Esta es una falsa polémica, pues ambos no son más que la forma de llamar a dos polos pretendidamente opuestos entre los que, por lo visto, aproximar a un juego para... ¿para qué, exactamente? ¿Para definirlo? Sea como fuere, insisto en que esta forma de catalogar es totalmente inútil, porque ni siquiera hay un consenso con respecto a lo que significa ni simulacionista ni narrativo.

- ¿Cómo que no? Yo lo tengo muy claro: un juego narrativo para mí es...

Alto, alto, frena el carro. Para tí, exacto. Para otro puede que no. Hagamos una prueba: haced un listado con, no sé, de tres a cinco juegos de cada categoría; ponedlo en los comentarios y comparad entre vosotros, a ver cuántos coincidís. Hay una vaga idea común, vale, pero yo estoy convencido de que no hay suficiente consenso como para que sea una forma legítima de definir nada. Venga, haced la prueba y dejadme mal.

A lo que voy es que no estamos hablando de definir de qué tono de gris es un juego dentro de una escala entre el blanco y el negro, porque estamos usando un baremo para el que ni siquiera estamos de acuerdo en qué es blanco, qué es negro y si no habrá más colores.